Algo que contar

Parece absurdo empezar por algo tan simple como afirmar que si una marca desembarca en las redes sociales es porque tiene algo que contar pero, en realidad, a menudo sucede que tales desembarcos son muestras evidentes de que nadie, tras los perfiles de la marca, ha pensado que tenga algo que contar… únicamente tiene un objetivo: publicitarse y vender; partiendo de esta premisa se flirtea con el fracaso desde el primer tweet.

Cuando veo como unas historias bien atadas pueden penetrar fácilmente en las mentes, hasta yo me sorprendo de la propensión del cerebro humano a absorber historias.’ Steve Denning*

Parece absurdo empezar por algo tan simple como afirmar que si una marca desembarca en las redes sociales es porque tiene algo que contar pero, en realidad, a menudo sucede que tales desembarcos son muestras evidentes de que nadie, tras los perfiles de la marca, ha pensado que tenga algo que contar… únicamente tiene un objetivo: publicitarse y vender; partiendo de esta premisa se flirtea con el fracaso desde el primer tweet.

 What is your story

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Esto no significa que hayamos de olvidar nuestro objetivo, de hacerlo estaremos ya perdidos sin remisión, tampoco es cosa de contar historias deslavazadas e incoherentes, de convertirnos en cuentacuentos sin sentido, se trata de estructurar nuestro mensaje de modo que llegue a su destino, porque algo que no hemos de olvidar es que las redes sociales son medios de comunicación y la comunicación, para que sea efectiva, ha de ser bidireccional: alguien escucha mientras alguien habla, y a la inversa.

¿Qué mejor traje para nuestro mensaje que un relato? Uno que enganche a quien lo lee, que despierte interés por saber más, que emocione, que se recuerde y se repita… que haga, en definitiva, presente nuestra marca en el día a día de nuestros clientes potenciales.

Para construir ese relato, que ha de ser siempre una historia viva que crezca con la marca, la primera pregunta a responder se anticipa en el título de este artículo: ¿tienes algo que contar? Y la respuesta es siempre sí porque, aun tras las marcas, somos seres humanos y comunicativos, siempre tenemos algo que contar… y la clave del éxito futuro está en qué decides contar y cómo hacerlo.

Olvídate de historias rocambolescas, de culebrones por entregas y aventuras imposibles, todo ello resta credibilidad, nadie cree hoy en los milagros… salvo que los milagros emocionen; llegados a este punto, ya tienes el corazón de tu historia, tu marca o producto, y un objetivo, emocionar, acariciar las sensaciones de quien te lee, deleitar sus sentidos… y ya no tendrás que preocuparte por engancharlo a tu historia, rondará siempre cerca de ti buscando una nueva ilusión… y quizá, es posible, incluso probable, que quiera hacerla suya, vivirla en piel y carne propia haciéndose con el producto alrededor del que late una historia tan emocionante.

Aléjate de ideas como vender humo o vender motos, si llegas a lucir esas etiquetas serás tan solo un charlatán de poca monta y menos credibilidad, es más, no vendas… sólo cuenta… y emociona al contar.

En definitiva, tener algo que vender no convierte a las redes sociales en elemento clave de una campaña de marketing, tener algo que contar sí porque de lo que van las redes es de comunicación entre personas y, si quieres jugar a hablar y a escuchar, a comunicarte… como dice Antonio Núñez**, será mejor que lo cuentes, que es, por cierto, una lectura sencilla y recomendable.

*Cita de Steve Denning, experto en storytelling empresarial, recogida en el libro ‘Storytelling, la máquina de fabricar historias y formatear las mentes’ de Christian Salmon.

**Antonio Nuñez: autor de seramejorquelocuentes.com

Berta Rivera es una filóloga que trabaja en ventas, relata en loff.it, escribe un blog (ahora vergonzosamente desactualizado) y cuenta cuentos al caer la noche por esas cosas de la maternidad. Me declaro fan de la creatividad aplicada a la vida, a las pequeñas cosas y a la comunicación… porque las cosas no se dicen, se cuentan.

  1. Cuánta razón Berta…

    Además, el marketing mal ejecutado no solamente no funciona, sino que contamina el medio restándole credibilidad, lo cual nos perjudica a todos quienes pretendemos utilizarlo para ofrecer un valor añadido real.

    Un saludo,
    Berto

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