Responsabilidad jurídica de los perfiles falsos en redes sociales

Algunos jueces españoles ya han sentenciado que la naturaleza social y viralizadora de redes como Tuenti, Facebook, etc hace que ciertas actuaciones de los usuarios no puedan ser consideradas como ”meras bromas“. Vamos, que ciertas publicaciones que creemos chorradas inocentes o putaditas entre conocidos, trascienden y superan lo que es algo sin importancia para convertirse en medios que sí pueden afectar gravemente al derecho al honor, a la buena imagen y, en definitiva a la reputación de las personas o a su salud física y mental (hay usuarios que han padecido graves depresiones psicológicas). Por ello, las sanciones que están cayendo no son precisamente moco de pavo, sino que se van a los varios miles de euros.

Estamos rodeados de perfiles falsos en todas las redes donde socializamos. Unos buscan la mera parodia del perfil al que imitan, todo el mundo sabe que son falsos y gozan de cierta permisión por la justicia en tanto en cuanto no ofendan el honor del imitado. Otros perfiles buscan confundir al usuario, meterle la creencia cierta de que están tratando con una persona determinada a la que falsifican, con el fin de obtener algo a cambio: una confidencia, un dato, una revelación un provecho, un lucro… Entonces hay suplantación de personalidad: se genera una apariencia de que ciertamente estoy tratando en Facebook, en Twitter, en Tuenti con tal persona, cuando realmente es otra que intenta metérmela doblada para sacar de mí tal o cual partido o simplemente para burlarse cruelmente en mi entorno de relaciones amistosas, familiares, etc.

Hay ocasiones en que no se mide bien el efecto que va a tener una determinada gracieta jugando con los perfiles sociales y muchas más son las veces en que la insana ignorancia de quienes abren una cuenta falsa o suplantando a  otra persona en Twitter, Facebook, Tuenti, Badoo, Google Plus, etc se atreve a proclamar abiertamente que las autoridades no podrían llegar hasta su casa porque no hay nada que los relacione con esos perfiles. “¿Qué prueba es una cuenta abierta con una dirección chunga de hotmail donde no pongo ni un dato mío?“, se preguntan. En unos casos y en otros, mediando la denuncia del afectado ante la Policía, la Guardia Civil o el oportuno Juzgado de guardia, al final las citaciones siempre acaban llegando a los domicilios. Con más o menos retraso, pero llegan. Si queréis un día hacemos un “back to basics” hablando de las direcciones IP y de los proveedores ISP, operadoras, etc.

Hace escasos días detecté que cierto conocido (¡qué vamos a hacerle!, le conozco y no puedo cambiar eso) se había autoadjudicado las funciones de community manager del perfil en Facebook de una administración pública, donde acudían como moscas a la miel cientos de personas convencidas de que estaban interactuando REALMENTE con ese organismo oficial. A individuos como éste se les detecta a años luz de vista y nunca se conforman con hacerlo una sola vez, como si algo enfermizo en esa recaudación de ingenuos les impulsase a darse ese baño de ego y a solazarse en la defraudación de la confianza ajena repetidas veces. Pero todos tenemos también ese familiar o amigo poco vareado en las lides del Internet y, poniéndome en su lugar, tuve que reconocer que el tal conocido había creado apariencia suficiente para el engaño y por tanto, desde mi punto de vista, había notable mala fe y quizás muchos perjuicios se fueran acreditando según pasase el tiempo. Cuando le dije que su proceder era traicionero y culposo ya sabía de antemano la respuesta: “El perfil irá teniendo fans y un día negociaré con los de esa administración. ¿Cuánto estimas que vale éste perfil?” Le respondí lacónico: “Demasiado poco“, mientras clicaba el botón de “Denunciar perfil” en Facebook y pensando que una multa de la AGPD por recabar ilegalmente datos y más datos personales (pautas de vida, sitios que frecuentan, amistades, etc) de los confiados era débil castigo para tanto trastorno.

Creo que una de las primeras responsabilidades de los buenos community manager es mantener limpia la red con la que trabajan, el entorno donde socializan con su marca, con sus seguidores, con sus clientes, no sólo no creando perfiles falsos (con cualesquiera excusas de gestión de las herramientas sociales), sino contribuyendo a la identificación, denuncia y desaparición de cuantas cuentas impostoras se detecten en el día a día de su importantísimo oficio.  No me cansaré de reivindicar esa vocación de veladores de legalidad de la red de todos los expertos que trabajan con ella y con la reputación (y la salud, en casos que sólo consideramos extremos o pasados de rosca cuando los vemos en el telediario de turno) de miles y miles de personas.