El primer relato de una marca

Llevamos ya tres semanas hablando de las posibilidades de los relatos como vehículos para crear imagen de marca, para conectar con los clientes potenciales y para fidelizar a los que ya lo son de facto, y es que los relatos son las más fiables herramientas de engagement –la comunión absoluta entre nuestro relato y quienes lo reciben- en la medida en que estén bien construidos, sostenidos y contados.

Llevamos ya tres semanas hablando de las posibilidades de los relatos como vehículos para crear imagen de marca, para conectar con los clientes potenciales y para fidelizar a los que ya lo son de facto, y es que los relatos son las más fiables herramientas de engagement –la comunión absoluta entre nuestro relato y quienes lo reciben- en la medida en que estén bien construidos, sostenidos y contados.

El primer relato de una marca

Derechos de foto de Fotolia

Claro que una marca no es un saco desordenado de relatos, existe uno, el primero y esencial, que es el hilo conductor de tantos relatos como queramos ir elaborando después: cada producto, colección, campaña… puede ser un relato diferente pero ha de estar siempre perfectamente integrado en el relato troncal que es la identidad de nuestra marca; por eso es siempre recomendable dedicar tiempo a pensar cómo queremos contar nuestra marca, es nuestro relato primero y apenas cambia en el tiempo, va, eso sí, creciendo y evolucionando.

Pensemos, por ejemplo, en una maison de perfumería francesa, Lubin: su origen, los principios del joven Lubin, su pequeña tienda de pañuelos perfumados y el favor que le brindó la corte de la Emperatriz Josefina… todo ello es más que la historia de una firma de perfumes, es su relato primero, su esencia y, sobre ella, tantos relatos como perfumes porque cada uno de ellos tiene su propia historia relatada en aromas, en palabras y en imágenes, también en notas musicales…

En cuanto eliges el idioma en el que quieres navegar por lubin-parfum.fr se abre ante ti una evocación aromática, el nombre de cada perfume aparece escrito sobre una tira de cartulina como las que te entregan en los centros comerciales para que descubras un perfume; si además pasas sobre ellas visualizarás el envase de cada uno de los perfumes y cuando te rinda el cuidado diseño de alguno de ellos –Black Jade, o Idole eau de parfum, por ejemplo- descubrirás su relato y te morirás por envolverte en su aroma.

Cada uno de estos relatos, todos con un principio y un fin, están perfectamente integrados en el relato primero, ese que tiene principio y camino más que final: en el caso de Lubin lo encontrarás en la parte izquierda de su web bajo la etiqueta ‘historia’.

Visto un ejemplo, uno bueno, de un conjunto ordenado y limpio de relatos que construyen la imagen de una firma, toca pensar el propio, empezando siempre por el esencial, el primero; y una vez lo visualizamos, toca contarlo: ríos de tinta han corrido acerca de cómo se compone un relato y no vamos aquí a resumirlos todos pero sí destacaremos los esenciales, muchos contenidos en cada relato de Lubin, y hablaremos también de algunos trucos…  la próxima semana.

Berta Rivera es una filóloga que trabaja en ventas, relata en loff.it, escribe un blog (ahora vergonzosamente desactualizado) y cuenta cuentos al caer la noche por esas cosas de la maternidad. Me declaro fan de la creatividad aplicada a la vida, a las pequeñas cosas y a la comunicación… porque las cosas no se dicen, se cuentan.

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