Internet lo carga el diablo…, o eso dicen…

El acceso a las redes de la información, el uso de dispositivos móviles, programas informáticos hacen necesario un control y uso prudente de los mismos.

En un mundo tan globalizado e interconectado como el que vivimos es cierto que la realidad, a veces, se nos antoja compleja y difícil de asimilar. Esto mismo nos ocurre en el campo virtual, las denominadas TICs o tecnologías de la información y la comunicación, junto a sus numerosas aplicaciones, nos aseguran, venden y perjuran que están ahí para hacernos la vida más fácil y, sobre todo, para decirnos que no nos preocupemos por nada, que están ahí para ayudarnos y que todo el mundo las utiliza, por tanto, no debe ser tan malo… ¿no?

Internet lo carga el diablo..., o eso dicen...

© hin255 – Fotolia.com

Efectivamente, nos facilitan la vida y hacen las cosas más dinámicas, más fluidas e interactivas, incorporándolas a nuestro día a día de forma automática y casi me atrevería decir que automatizada.

Sin embargo, el acceso a las redes sociales de la información, el uso de dispositivos móviles, apps, programas informáticos y toda una suerte de elementos tecnológicos, hacen necesario un control y uso prudente de los mismos, tanto en nuestra vida profesional como personal.

Precisamente, por los canales y autopistas de información que representa Internet, se “cuelan” numerosos ataques informáticos ejecutados por hackers avezados y dispuestos a vulnerar e invadir cualquier espacio de nuestra intimidad, descuido o falta de seguridad que hayamos cometido o no tenido en cuenta; y, desde luego, estos ataques son numerosos y muy dañinos para las empresas, los profesionales, incluso los propios Estados, que nos son ajenos a estas amenazas.

Básicamente, amenazas caracterizadas por la difusión de contenidos ilícitos, el acceso, obstrucción o alteración de sistemas informáticos o bases de datos, ataques a objetos de la propiedad intelectual y delitos convencionales cometidos a través de la Red.

Así es, el mundo del crimen se ha adaptado sorprendentemente bien y con una gran rapidez al mundo de lo digital y virtual, abarcando toda una serie de delitos cometidos a través de internet, que constituyen un género nuevo, es decir, delitos específicos de internet, y los delitos tradicionales cometidos a través de medios electrónicos.

Los ciberdelitos o delitos cometidos a través de internet se pueden ejecutar de diferentes formas, mediante programas espía, virus informáticos y spam. Todo esto genera que su persecución  sea tremendamente compleja, unido a los propios caracteres intrínsecos en la comisión de estos delitos, esto es: anonimato de los ciberdelincuentes, la internacionalización de los actos criminales y los avances tecnológicos, su rapidez de propagación en tamaño y escala a través de la Red y la dificultad de los ordenamientos jurídicos de adaptarse a estas circunstancias.

Ejemplos los hay muchos y de muy diversa índole; un primer grupo estaría constituido por las falsedades o estafas, por ejemplo:

  • Ciberestafas (phishing), una clase de fraude en la que los piratas informáticos simulan ser individuos, empresas u organizaciones para que los usuarios tecleen determinada información o descarguen programas malignos, y así conseguir información sensible como credenciales de acceso o contraseñas. En este caso, el daño que se puede causar a las empresas es tan grave como la información que se haya podido sustraer, ocasionando verdaderas fugas de capital o agujeros de escalas inimaginables que desestabilizan el balance general económico de cualquier organización. Daño que, por otra parte, también es extensible a profesionales, pudiendo perder gran parte de su información o datos de carácter relevante para el ejercicio y desempeño de su actividad profesional
  • Spoofing o suplantación de identidad, en el que una persona o programa se hace pasar por otra mediante la falsificación de datos personales.

Un segundo grupo lo formaría los ataques contra redes y sistemas informáticos, acceso ilícito a sistemas, interceptación ilícita de datos, atentados contra la integridad de datos, sistemas, etc…, por ejemplo, por citar sólo algunos:

  • Pharming, cuando se desvía el tráfico de un sitio web a otro de similar apariencia, con el objeto de que los usuarios faciliten sus passwords y contraseñas, y así robarles la información.
  • La denegación de servicio, que se caracteriza por impedir a los usuarios el acceso legítimo a un ordenador o red.
  • Los troyanos, programas aparentemente inofensivos pero que ocultan un código malicioso.
  • Los gusanos, programas diseñados para propagarse a través de la Red, de ordenador a ordenador, aprovechando los fallos, vulnerabilidades o deficiencias en las configuraciones de sus sistemas, etc, etc…

Por tanto, los ciberdelincuentes pueden llegar a obtener muchísima información sobre nosotros, usuarios de Internet; lo que supone un auténtico caldo de cultivo para la proliferación de estas conductas criminales a través de la Red, y aumenta aún más nuestra inseguridad.

Ahora bien, entonces ¿qué estamos haciendo frente a ellos?, ¿tomamos las suficientes precauciones? , ¿Somos conscientes de los riesgos? Numerosos estudios revelan que las empresas y organizaciones siguen expuestas a un creciente número de ciberataques, cada vez más elaborados y sofisticados, a pesar de ello los trabajadores siguen sin protegerse adecuadamente y la conducta de los profesionales no ha mejorado especialmente en este sentido.

No cabe duda, que todo ello merece una reflexión y consideración a tener en cuenta.

Por otra parte, muchos de nosotros somos padres, madres, abuelos, abuelas, tenemos sobrinos o hermanos pequeños, ¿qué ocurre con ellos?, ¿cómo les afectan los riesgos de internet y las redes sociales?

Entramos en un campo aún más delicado y sensible que el anterior, que remueve sentimientos, emociones y toca lo más profundo de nuestro corazón, no olvidemos que estamos hablando de menores.

En este sentido, nuestros niños, jóvenes y adolescentes son usuarios habituales de comunicaciones virtuales y el uso de las TIC constituye su forma de relacionarse e interactuar, siendo muchas de sus conductas cuestionables, que pueden ser presuntamente delictivas y en las que el menor se puede ver inmerso: sexting, cyberbullying, grooming, sextorsión,…..

Así pues, los delitos relacionados con menores y cometidos a través de internet están creciendo alarmantemente. Y a pesar de que los menores son “nativos digitales”, no parecen ser muy conscientes de los peligros y problemas con los que pueden encontrarse. Por tanto, nos planteamos la siguiente pregunta: ¿estamos haciendo todo lo necesario?, o ¿seguimos manteniendo que son de cosas de niños? Cuestiones que debemos meditar y plantearnos seriamente…

 

ricardo-lombarderoRicardo Lombardero. Abogado, Mediador y Coach. Socio-fundador de Lomber Soluciones Cyberbullying. Miembro del GIMIS (Grupo de Investigación en Mediación e Intervención Social en Conflictos, de la Universidad de Alicante).

 

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