¿Verdad o mentira?

Esa es la eterna pregunta ¿son los relatos verdades o mentiras? ¿vale contar mentiras en el juego del storytelling? Es innegable que ocurre, se hace, se miente, sí. Pero de ahí a que sea recomendable, va un mundo, una suerte o un fracaso. Porque los relatos no son en realidad verdades ni mentiras, son meros vehículos de un mensaje, una forma de expresarse, de decir y mostrar, aunque es cierto que tendemos a tomarlos como novelas o cuentos y admitir en ellos la magia que es, esencialmente, una mentira.

Esa es la eterna pregunta ¿son los relatos verdades o mentiras? ¿vale contar mentiras en el juego del storytelling? Es innegable que ocurre, se hace, se miente, sí. Pero de ahí a que sea recomendable, va un mundo, una suerte o un fracaso. Porque los relatos no son en realidad verdades ni mentiras, son meros vehículos de un mensaje, una forma de expresarse, de decir y mostrar, aunque es cierto que tendemos a tomarlos como novelas o cuentos y admitir en ellos la magia que es, esencialmente, una mentira.

¿Verdad o mentira?

Derechos de foto de Fotolia

Pero ahí está el quid de la cuestión, admitimos la magia y el ensueño pero no y nunca una mentira.

A vueltas estaba yo con las verdades y las mentiras cuando recordé una película del 89, una de esas que en su día te encantan y ves veintisiete veces sino más –cosas de la adolescencia…- y que ahora, veo en mi memoria y entre mis recuerdos con otros ojos. Hablo de Listen to me, con Kirk Cameron, Jami Gertz y Roy Schneider.

En listen to me Roy Schneider es profesor de debate y prepara a sus alumnos para un futuro de debates que pasa por un concurso anual que acaban por acudir en representación de su universidad Kirk Cameron y Jami Gertz, pero antes de llegar a esa gloriosa escena final sucede algo…

En una de las clases Roy Scheider hace un absoluto ejercicio de storytelling y cuenta un relato, la historia de su abuela, para defender su posición, para hacerse entender y llegar al corazón de sus expectantes oyentes que no eran otros que sus alumnos. Cuando la clase toca a su fin comienzan los ruegos y las preguntas y, en su desconcierto, uno de los alumnos pregunta algo así como que él que hace o qué dice para defender tal o cual posición, la respuesta del bueno del profesor, Roy es ‘cuéntele la historia de su abuela’, el joven alumno responde algo así como que a su abuela no le sucedió tal cosa y el profesor sentencia ‘a la mía tampoco’.

En resumen, un ejercicio de storytelling basado en una mentira, esa fue su recomendación…

Hete aquí que llega el debate final y allá que va Kirk con Jami. El debate tiene miga porque el tema es duro: el aborto. Es ella quien pone en marcha la maquinaria del storytelling, la de contar historias  formatear las mentes que diría Christian Salmon, y, entre lágrimas contenidas que finalmente se desbordan, cuenta la historia de una violación y un aborto ‘sí –dice- yo aborté’. Ganan el debate.

El profesor tenía razón… ¿verdad? Sólo un apunte… La historia del aborto y la violación, era real, no era una mentira.

Un relato puede ser un sueño, puede ser fantasía o ciencia ficción pero nunca mentira porque lo que haya de mentira en un relato acabará por ser lo que se perciba de falsedad en la marca y el producto al que representan.

 

Berta Rivera es una filóloga que trabaja en ventas, relata en loff.it, escribe un blog (ahora vergonzosamente desactualizado) y cuenta cuentos al caer la noche por esas cosas de la maternidad. Me declaro fan de la creatividad aplicada a la vida, a las pequeñas cosas y a la comunicación… porque las cosas no se dicen, se cuentan.

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